Mientras… ardía Troya

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20 noviembre, 2022

Clitemnestra suena a nombre araña. Sea porque nos metamorfoseamos al arrastrarnos la perfidia a la iniquidad. Es sólo un sueño, una apariencia, una visión del alma y no de su figura y su gesto. La belleza también se utiliza; los ojos dulces y rasgados esconden la mirada esquiva, y los labios gordozuelos y las mejillas rosadas imitan al candor mientras los senos sinuosos clarean bajo el tupido velo. He visto rizos de seda de brillo dorado recogidos en tocado sobre ancha frente, anudados con coquetería, y una mano blanca y delgada que con dedos de indecible finura desatan su red de dulzura en larga cabellera, ahogando al ingenuo encendido en su regazo. Y de esta muerte, descubierto el ardid, clamando en un susurro de placer labrado en sus entrañas, surgir una monumental y horrible araña, contrita en lágrimas de engaño. Es Clitemnestra, desprovista del reclamo.

Clitemnestra es en parte la madre de Hamlet y sobre todo Lady Macbeth. La imagino como una mujer esbelta, imponente de mirada vivaz, tramando su plan en soledad, altiva, reflexiva, sensual. Con el envidioso y ávido Egisto en su lecho acaricia con su cuerpo proceloso la lujuria, y entre risas y sedas retozan, consolándose del llanto nefasto de Hécuba en la sangre babosa de su adulterio. Agamenon, su marido, a filo de espada salta sobre Príamo, Argos contra Troya, ahogando en muerte los presagios de la Pitia en Delfos y el gemido de Ifigenia, mártir de la victoria. La caída de Troya avivará la furia de los dioses y la venganza de Clitemnestra.

El retrato de la reina de Argos puede resultar tortuoso, en sus propias motivaciones. Lady Macbeth es fría como el témpano, estéril como una zarza quemada, abandonada su feminidad en un hechizo, en un pacto con el diablo. Ella misma podría ser el mismo demonio. Sin embargo Clitemnestra es más humana, sus razones, como las de la madre de Hamlet, son comprensibles, demasiado carnales. Más que la muerte de Ifigenia, a la madre de Orestes y Electra, le incita la sed de complacencia, de soberbia herida no exenta de mundanos deseos, frente al desabrido e imponenente Agamenon. Su destino será aciago, y aún turbado y desconcertado, Orestes, más resuelto que Hamlet, cumplirá su otra venganza. Clitemnestra, su madre, caminará entonces, errante y avergonzada, entre las sombras por toda la eternidad.

De Troya… no quedan más que ruinas y cenizas, y el sueño de Schliemann, treinta siglos después, Aquiles yace muerto y el Rey Tullido, el Pescador, cuando el mito se haga realidad recogerá su testigo para no morir. Odiseo por fín vuelve a casa… en su demora nacerá la aventura, pero Penélope, como Beatríz al Dante en el Paraíso, sí le espera anhelante.

 

Ldo. Francisco Javier Alex Guzmán

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